Crece la
indignación sobre el accionismo insensato, a veces ignorante y más
a menudo malévolo, por parte del poder institucionalizado. Después
del análisis crítico de la crísis actual incluso cabe la
autocrítica sobre la hipocrésia del llamado “obrero explotado”
que a menudo se revela como el ciudadano medio que tanto espera que
le toque la lotería, hecho conocido por ser menos probable que ser
fulmigado por un rayo, como se deja seducir por el dinero “grátis”
en forma de créditos hipotecarios o la propia avaricia cuándo, en
grado menor, pero por eso no menos significante, le ofrecen un dinero
conseguido sin esfuerzo o mérito ya que el “dinero no tiene cara”
(salvados 3 nov 2013) y construye con ello su propia carcel con
ladrillos de ojos cerrados y las “migajas” de la corrupción. En
cuánto al análisis sobre esta crísis la izquierda Europea no sólo
ha sido más honestas, sino también más elaborada y sobre todo más
acertada. Lo que iguala a todos los partidos, no sólo los de España,
tanto de la derecha como de la izquierda, es que no ofrecen
soluciones con una visión general y a largo plazo. Dicho esto, no
nos quedemos con lamentaciones. Si no se haya ofrecido tal solución,
es tal vez, porque no cabe en las dichotomías a las que estemos
acostumbradas entre el racionalismo y el idealismo, entre el gobierno
y el pueblo, la derecha y la izquierda.
La crísis
financiera no comenzó ni por la falta de eficiencia productiva ni
competividad comparativa. Tampoco era resultado de la “explotación”
malcalculada por parte de “capitalistas”. Todo comenzó con una
crísis financiera – y no por primera vez – pero esta vez
acompañada por una profunda crísis ideológica, no por disputas
ideológicas sino por falta de ideales sostenibles, acompañado por
el colapso de los verdaderos recursos de la economía real, el
capital base para decirlo así; la dignidad humana y la supervivencia
de nuestros ecosistemas; es decir la sostenibilidad de la vida. El
problema no es el capitalismo (no hemos vivido nunca en tal sistema)
sino en el monetarismo.
“Dónde está
el peligro, está la solución” (Hölderlin). La moneda como medida
de valor – la herramienta con la que se mide un valor define los
resultados de la medición.
El dinero como
herramienta para evadir la responsabilidad en la interacción
interpresonal y las consecuencias de nuestros actos en el tiempo.
Solución: intercambio directo, decentralizado de valores y/o uso de
valores materiales (trueque, metales valiosos).
El dinero como
recurso de mayor liquidez, preferido sobre los capitales (tierras,
etc.) Porqué? Más flexibilidad es más poder negociador frente a
los propietarios de bienes reales (mire el poder que tiene el “valor”
de los bonos de estado).
El dinero como
medio de distribución - ser socialmente constituido, ligado
estrechamente al “estado de derecho” y lo que se considere
derecho, es decir justo, causa su peculiar funcción redistributiva.
Cómo cambiar?
- Responsabilidad individual (vs. Individualismo en la persecución de interéses y vs. La “delegación” al “estado de bienestar”.
- De esto resulta: no existe la “responsabilidad corporativa”, sólo individuos pueden ser responsables, es decir todos los accionarios, empleados, etc. en proporcion a su participación e influencia real. Los bancos y las “grandes cuentas” deben muchísimo dinero a los contribuyentes.
- La solución no es cancelar la “propiedad privada” sino sancionar debidamente al robo y al fraude – cosa en la que parece faltar mucha voluntad.
- La crísis no se originó debido ni a los gastos ni a la falta de los ingresos – aunque ahora sí faltan ambos. Todo comenzó con una redefinición en los “valores”. Si realmente el exceso de viviendas hubiera causado la baja de la “de riesgo”, no sería posible volver a crear un boom inmobiliario sólo 3 años más tardes. (no es que no se debería hacer, es que no sería posible.) No se soluciona con un aumento de impuestos ni de ingresos por más productividad. Hace falta revisar a quién perteneze la soberanía en una democrácia.
- No es suficiete que los ciudadanos voten. Incluso si podrían votar directamente a todos los gobernadores como a la junta de una cooperativa – la gente votaría a los dispuestos para no tener que “curarselo” ellos y seguiría quejándose después. Hay que poner más responsabilidad en manos de los ciudadanos. El gobierno es únicamente el órgano administrativo/organizativo. No necesitamos ni “políticos de carrera” ni “expertos” sino que los que toman las decisiones también sufran las consequencias – por bien y por mal.
0 Kommentare:
Publicar un comentario